miércoles, 3 de junio de 2009

1 ME MIRÓ A LOS OJOS
Me miro a los ojos,

entre tanto llanto, parece mentira,

que te hayan clavado,

que seas el pequeño

que lloró a mi lado y que se dormía

estando entre mis brazos,

y que se reía al mirar el Cielo,

y cuando rezaba se ponía serio.

Sobre el madero de nogal pequeño,

entre los doctores

se hallaba en el templo,

cuando pregunté

respondió con calma,

que de los asuntos

de Dios se trataba,

ese mismo niño

que hoy está en la Cruz

el Dios de los hombres

se llama Jesús.

Ese mismo hombre

ya no era un niño, en aquella boda

le pedí más vino, le dio de comer

a un millar de gente

a pobres y enfermos

les miró de frente,

y que se reía con quienes más quiso,

y lloró en silencio al morir su amigo.

Y ya cae la tarde,

se nublan los cielos,

pronto volverás

a tu Padre eterno,

duérmete pequeño,

duérmete mi niño,

yo ya te entregado todo mi cariño,

como en Nazaret aquella mañana,

he aquí tu sierva, he aquí tu esclava

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